Los tres castigos chinos

cosas que nunca diria un chino

El pueblo chino siempre se ha caracterizado por se un pueblo tranquilo y que parece que las cosas no van con ellos, pero todo el mundo conoce que una vez que se enfadan tienen muy mal genio.

Para que os podáis hacer una idea de hasta donde puede llegar el castigo chino, os dejamos un chiste donde podréis ver como se las gastan estos personajes si no se hace lo que dicen. Después de leerlo seguro que no se os pasa por la cabeza desobedecer una recomendación de un chino.

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Un americano llegó a una posada china y le preguntó al posadero, un anciano de 120 años de edad, si tenía un cuarto para pasar la noche.

Éste le respondió que sólo tenía una habitación en el tercer piso, junto al de su nietecita. Pero le advirtió de que si le pasaba algo a su nieta le aplicaría los tres castigos chinos. El tipo le aseguró que no iba a pasar nada y tomó el cuarto.

A la hora de la cena bajó por la escalera una dulce chinita de unos 20 años de edad, muy linda y sensual. Durante toda la cena la chinita no dejaba de mirarlo y el hombre no podía dejar de pensar en lo que le había dicho el anciano.

Pero cuando llegó la noche, el americano no pudo resistir la tentación y entró en el cuarto de la jovencita en el que pasó mucho, pero que mucho tiempo.

Cansado volvió a su cuarto a descansar y quedó profundamente dormido tras tanto ajetreo.

A la mañana siguiente, al despertar, se encontró con una roca inmensa encima de su cuerpo con un papel que decía: «PRIMER CASTIGO CHINO: roca de 50 kilos encima del cuerpo».

El tipo sonrió y pensó que si eso era lo peor que podía hacer el pobre anciano no iba a haber mayor problema.

Se levantó, cargó la roca y la arrojó por la ventana. Fue entonces cuando vió otro papel en el marco de la ventana que decía: «SEGUNDO CASTIGO CHINO: roca amarrada a testículo derecho».

El americano al ver como desaparecía la cuerda que amarraba la roca no se lo pensó dos veces y se tiró por la ventana. Mejor un par de huesos rotos que un huevo menos- pensó.

Pero cuando caía por el segundo piso pudo leer un gran cartel en la fachada que decía: «TERCER CASTIGO CHINO: huevo izquierdo amarrado a la pata de la cama».

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